Hablemos de prostitución ¿prohibir, regular o abolir?

En nuestra sociedad el simple hecho de hablar de prostitución conlleva numerosos prejuicios que han conseguido que mediante tabúes, esta cuestión no sólo se haga a un lado sino que de tratarse, se lo haga superficialmente pues no se considera ni como una problemática ni como un rubro al que se le deba prestar atención, al menos no durante la campaña electoral. En los países donde se ha instalado el debate sobre qué hacer con la prostitución el feminismo de izquierda ha planteado la necesidad de abolirla mientras que desde el conservadurismo se ha planteado su prohibición, si bien ambos cuentan con el mismo objetivo, en ninguno de los caminos a recorrer se conseguirá modificar la realidad debido a que el sistema político necesita generar respuestas específicas para las cuestiones de fondo, y antes de que se instale este mismo debate en nuestro país es necesario mencionar algunos puntos a tener en cuenta. Comencemos, pero antes deseo dar las gracias a aquellos que han participado de la encuesta en mi cuenta de Twitter - @Ordeig1 - para juntos decidir la temática de este artículo.


En primer lugar la teoría abolicionista parte de la base de que la prostitución es una forma más de ejercer violencia de género por parte de una sociedad machista o patriarcal por lo que a las trabajadoras sexuales se les considera como víctimas de la misma debido a - entre otras razones - la mercantilización del cuerpo femenino, esto no sólo es un enfoque interesante sino que en el mismo se puede encontrar cierta verdad, pero el problema es que para su implementación no sólo se necesita del compromiso ciudadano sino que se necesita de una serie de mecanismos públicos que abarque cada una de las áreas vinculadas mediante una política de Estado integral que asegure la continuidad de los mecanismos en el tiempo. En principio no parece un problema sino un mero asunto de gestión debido a que Suecia lo ha implementado, pero debemos de agregar las distintas variables como pueden serlo la alta tasa de desempleo, la vulnerabilidad social, la poca presencia del Estado en algunas zonas de la Capital y del país, la creciente inseguridad, la pica político partidaria, la idiosincrasia, entre otras que debería mencionar las cuales conseguirían que la prostitución continúe existiendo al margen de la sociedad lo que a su vez incrementaría otros problemas. Lo mismo sucede con el prohibicionismo.

En segundo lugar, y a pesar de que en nuestro país se cuenta con una normativa que busca regular el trabajo sexual, a Noviembre de 2018 de las 12.300 trabajadoras que se encontraban registradas en el Ministerio del Interior, únicamente 87 de ellas aportaban al BPS para de esta forma acceder a la seguridad social, lo que significa una piedra más en el zapato de los abolicionistas.

 

En tercer lugar pero refiriéndonos a los prohibicionistas, necesitan comprender que oponerse a la Educación Sexual Obligatoria mientras esgrimen el argumento de que la prostitución colabora en el contagio de las ETS, lo que en parte es cierto por la falta de controles e irresponsabilidad, es contradictorio con su propia lógica debido a que de implementarse un programa serio de educación, no el que tenemos actualmente, no sólo se conseguiría reducir el contagio de enfermedades como el Herpes, Gonorrea, Sífilis o VIH, sino que a largo plazo reduciríamos exponencialmente el trabajo sexual por parte de menores al ser acompañada por otras medidas complementarias de Desarrollo Social y de Seguridad Pública.

 

En conclusión, lo que nuestro país necesita no es ni el abolicionismo ni el prohibicionismo, a pesar de que estaría de acuerdo con la primera, lo que el Estado debe hacer es trabajar en cada una de las debilidades antes mencionadas junto a las cientos de otras que quedaron sin mencionar,  para de esta forma, al no poder hacer que desaparezca por las carencias existentes en nuestra sociedad, asegurarle los derechos a quienes ejercen la prostitución junto a un trabajo a largo plazo para reducir la necesidad de incorporarse a esta actividad mientras se mejoran los controles para reprimir a los tratantes de personas, a los explotadores, a los proxenetas, etc.  Este asunto concierne a cada uno de los pilares del Gobierno Nacional, sólo necesitamos trabajar en serio.

Hasta la próxima

 


Tec. Facundo O. Ordeig